Al privarme de la visión no me quedó otra, que dejarme llevar por los sentidos, podía oír el deslizar de sus dedos por el teclado, la suave manera con que las tocaba, produciendo la dulce melodía que sonaba. En el ambiente reinaba un aroma fresco y natural como a sándalo, porque debido a la cercanía, su fragancia era exquisita, un olor muy varonil. Estaba disfrutando de todas las sensaciones que me estaba proporcionando tener los ojos vendados, hasta que de pronto la música cesó.
- Ven, siéntate aquí delante y posa tus dedos encima de los míos. No hagas fuerza y deja que yo los guíe. - fueron sus palabras susurradas a media voz.
Dejé que me guiara, lo sentí sentarse detrás mía, en ese momento las mariposas del estómago y mis nervios se apoderaron de mí, ya que de por si, su sola presencia me excitaba, saberlo tan cerca era mas de lo que en ese momento podía soportar. Estando privada de la vista me tenia que dejar llevar por la intuición. Cuando yo mantenía esta conversación conmigo misma, él empezó a tocar y mientras movía sus manos, las mías lo hacían al compás.
Me sentía feliz y pletórica porque estaba disfrutando de algo que sabia que no había dejado a nadie, que le escucharán tocar jamás, ni sus padres aún cuando le obligaron a matricularse en la clases de música los dejó y eso que compraron el piano para que en casa practicara. Eso me hacia dichosa y especial hasta llegar a enamorarme mas si se podía.
La forma en que sus dedos se movían era muy erótica, sensual, a la vez que suave y delicada. De pronto, noté su dulce aliento en mi cuello y como iba desperdigando regueros de besos en mi nuca, para terminar con deliciosas palabras en mi oído. La noche me estaba resultando de lo mas romántica y jamás la olvidaría, no se quedaría impregnada en mi vista, pero si tatuada en mi piel junto con su aroma.
Sus labios empezaron a deslizar el tirante de mi vestido, a la vez que dejaba sutiles besos que me iban encendiendo, cada vez mas, todas las terminaciones nerviosas de mi cuerpo, queriendo todo lo que me pudiera dar.
- Hazme tuya, sobre el piano - fueron las palabras que salieron de mi boca, ya que no podía pensar. Tan solo me quería dejar llevar por lo que sentía en esos momentos.
- Es muy duro, puedes hacerte daño.- mientras lo decía, me iba despojando del vestido.
- No me importa, solo quiero sentir tus caricias, la suavidad con que tocas las teclas sentirla en mi piel.
Pero aún así me cogió, sentándome en la parte alta del teclado. Con las piernas bien abiertas y expuesta a él, me observó. Reanudó la melodía, mientras que con su lengua lamia la parte interna de mis piernas hasta llegar al muslo, para cambiar después a la contraria, haciendo lo mismo que en la anterior.
Sentí mi cuerpo derretirse por momentos, notaba la forma en como apreciaba cada parte de el, haciéndolo suyo a cada momento, comprendiendo mis altos y bajos, sabiendo que mi cuerpo estaba lujurioso, necesitado de que lo poseyera como solo él sabia hacer. De manera que iba subiendo el tono, mayor fricción daba con su habida lengua, hasta que no pude resistir mas y mi cuerpo cedió al deseo, en un orgasmo arrollador que hizo que derramara alguna que otra lágrima de pura dicha.
- Esto era solo para mi amor, el regalo por todo este tiempo a mi lado, comprendiendo mi negativa a que tocara para ti . Nadie jamás me volverá a escuchar, ya que esto era por y para la mujer mas dulce y bella que conmigo está. Con su cuerpo algún día creare, la partitura mas bella que exista.
- Dulce y bella porque a mi lado estás, Tú.

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